sábado, 27 de octubre de 2018

cada 18 horas | ahí

Florencia Melo. Cada 18 horas, cerámica, papel y metal.
Museo Emilio Pettoruti. ph: Soledad Oyuela
Cada 18 horas empezó de modo casi errático y vacilante hace dos años. 

Pensar una idea, buscarle la vuelta, encontrarle la forma, decidir materiales, consultar colegas, peregrinar con una florcita de cerámica en la mano mendigando empatía de vendedor en vendedor -o vendedora- que me prestara atención- y ayudara a resolver "el tema de los fierritos".

Modelar flores una a una. Cada una. Un pequeño homenaje. Mi tiempo. El tiempo que las asesinadas ya no van a tener.

Encontrar variaciones sobre no colores: ahumados, grises, acentos morados, el fuego de mi lado. Flores frágiles de arcilla cruda. Modelar, recontar. Poquitas por día. Llevan su tiempo.

En Espacio Dionisia fue la primera vez que la exhibí casi tal y como está hoy. Por la propia dinámica del quehacer no podía verla en su totalidad dentro de mi taller. Tocó pensarla durante el montaje, escucharla. Ver que pedía una lista. Una lista de las muertas, una lista de femicidios. Ganarle a la indiferencia y al olvido. Un deber hacia sus seres queridos. Que al menos que queden sus nombres. 

Por segunda vez la obra estuvo en el Teatro de Cámara de City Bell. La lista que acompañó esta vez la obra ya era mucho más extensa.

Visibilizar los femicidios fue siempre el objetivo. Sospechar y luego saber de forma fehaciente que detrás de cada caso siempre hubo denuncias, avisos, reclamos, pedidos de ayuda.
Inútiles

Un gritar de bronca con el femicidio nuestro de cada día y tratar de entender por qué. 

Hoy Cada 18 horas está en una vidriera. En el bello Espacio Vidriera del Museo Emilio Pettoruti. Enfrente a la Casa de Gobierno de la provincia de Buenos Aires



Detrás de cada muerta hay un trayecto que pudo y debió ser evitado.
Una sociedad machista.
Cuerpos a disposición de uso, abuso y descarte.
En Estado responsable.
Una foto que encima una cuestión sobre otra.

Cada 18 horas ahí.

martes, 23 de octubre de 2018

cada 18 horas | montaje

Una obra vive cuando es mostrada. Esta obra en particular, renace, vuelve a cobrar sentido, retoma su significado primero, se resignifica.
El montaje de Cada 18 horas es -en lo personal- un ritual en sí mismo.